JIU JITSU (tradicional)

La lucha ha sido una característica intrínseca del hombre a lo largo de la historia de la cual ha dependido, en mayor o menor medida, la evolución o desaparición de unas civilizaciones frente a otras. Es por ello que, de uno u otro modo, desde tiempos remotos, estas civilizaciones presentaban un claro interés por los sistemas de defensa personal (por ejemplo, en algunos restos arqueológicos del año 1728 a.C. en Babilonia, ya se encuentran pinturas de hombres entablando peleas y manteniendo una posición de lucha). Esto nos puede servir como pequeña introducción al tema que nos ocupa, puesta que el Jiu Jitsu consiste, básicamente, en un sistema de defensa personal creado en Japón, en lo cual profundizaremos más adelante. No obstante, este arte marcial no surge por "generación espontánea", sino que conlleva una evolución (un tanto difusa, eso sí) que indica la introducción de una serie de técnicas de combate en la India por parte de los luchadores de Carlomagno. Estas nuevas técnicas llegaron al Tíbet, unidas a artes propias de la región como el Kalaripayat, desde donde se difundiría hacia Corea, Okinawa y Japón, uniéndose nuevamente a artes autóctonos. De este modo se constituyó el Jiu Jitsu, el cual pasó a ser el método ideal de defensa personal de los samurais japoneses de la época feudal y enseñanza se reducía a clanes familiares. Finalmente, dada la complejidad de este arte marcial, surgieron algunas escuelas que se centraron en algunas partes concretas del mismo. Así surgió el Karate, a su paso por Okinawa, el Aikido, de manos de Ueshiba, o el Judo, cuyo creador fue Jigoro Kano. No obstante, los actuales métodos de enseñanza han conseguido establecer las bases para conseguir practicar el Jiu Jitsu de un modo eficaz y progresivo, convirtiéndose en el sistema de defensa personal más completo y útil que podemos encontrar.

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